Seguro que has vivido situaciones que te impactaron tanto que no pudiste digerirlas del todo.
A veces son pérdidas, enfermedades o momentos difíciles.
Otras, experiencias más sutiles: una discusión, una separación, una vivencia de la infancia y te hizo sentir sola o sin recursos
Cuando eso ocurre, el cerebro almacena mal la información, y esas experiencias quedan “atascadas”.
El cuerpo sigue reaccionando como si el peligro siguiera ahí.
Eso es lo que llamamos trauma: una herida emocional que se activa hoy en forma de ansiedad, culpa, miedo o bloqueo.

Cómo trabajo
1) Aterrizamos el presente: qué te dispara hoy, qué te regula, qué necesitas ya.
2) Vamos al origen con seguridad: entendemos tus espinas (defensas) y las experiencias que las crearon.
3) Integras herramientas: para que lo nuevo sea sostenible en tu vida real.

• tu ansiedad baje de volumen
• el cuerpo se sienta más a salvo
• puedas poner límites sin sentir que estás haciendo algo malo
• recuperes sueño, energía y claridad
• dejes de vivir desde el ‘tengo que’ y vuelvas al ‘quiero’